Por: Pablo Lucio Paredes

Decano Escuela de Economía – USFQ

Es la trilogía básica del desarrollo, y como toda trilogía, no es fácil de alcanzar. A veces, lo que es bueno para uno de los tres vértices, es malo para los otros, y no solo malo, sino absolutamente contrario. También hay momentos de la vida de los países en que un aspecto debe privilegiarse sobre otros, y el imponer un orden errado tiene efectos eventualmente devastadores.

La dificultad de armonizarlos parte de cierta manera de las mismas definiciones y va más allá.

Cuando hablamos de crecimiento, medimos en general el PIB, pero éste tiene tantos defectos que solo puede ser una guía más bien lejana según las circunstancias. Los errores y fallas del PIB son conocidos (unos cuantos no son fallas sino simplemente que no se le puede pedir a un solo indicador más de lo que puede dar): no mide el valor de las actividades del hogar ni el uso de recursos como el medio ambiente mientras mide muy mal el valor de las actividades estatales (sobre o subvalorándolos según los casos), no toma en cuenta ni la distribución de la riqueza ni las (des)acumulaciones patrimoniales, no mide correctamente el progreso tecnológico y la diversidad de bienes y servicios que van surgiendo, etc… Pero, más allá de lo correcto o incorrecto de las medidas, lo que no podemos de dejar de lado es que los seres humanos queremos y aceptamos disponer de más bienes y servicios en la vida porque los valoramos, unos preferirán ciertos bienes “más materiales” como más aparatos en el hogar (autos, refrigeradoras, TV, etc…), otros más “culturales” como educación o viajes (la supuesta distinción entre unos y otros ya introduce un sesgo en la reflexión), pero en todo caso son bienes y servicios útiles (los más críticos de esta “sociedad materialista” son muchas veces los mayores usuarios). Y producir estos bienes y servicios implica varias cosas: libertad, innovación, productividad, competencia, mercados abiertos, etc… Con todos sus defectos, los sistemas de libertad son los que mejor (o menos mal) permiten avanzar en esta dirección, mientras los sistemas socialistas (con las virtudes que puedan tener) obstaculizan este camino. El análisis teórico y las experiencias prácticas así lo demuestran.

La equidad se mide básicamente relacionando cuánto poseen los que más tienen frente a los que menos tienen, aparentemente sencillo pero engañoso porque esto, por ejemplo, puede llevar a dejar de lado la razón que genera estas diferencias, y esas razones son de una enorme importancia. Muchas brechas vienen de la corrupción que tiene como origen el poder y tamaño excesivo de los Gobiernos, de actividades ilícitas que a veces surgen de malas regulaciones sociales (como las prohibiciones), de colusión en los mercados entre empresas privadas y el gobierno, lo cual también tiene como origen la excesiva capacidad de intromisión de los gobiernos… ojo, con esto no se pretende decir que “los privados son buenos y los políticos malos”, sino que  los primeros tienen algo propio que defender, mientras los segundos solo tienen la posibilidad de captar el esfuerzo de otros, y además que sociedades de baja institucionalidad con gobiernos excesivos empujan el “lado malo” de los agentes en lugar de sus potencialidades positivas. Todas estas causas de inequidad deben ser combatidas, mientras no debe preocuparnos la que surge del éxito en mercados competitivos, es decir, de gente que ha logrado exitosamente ofrecer bienes y servicios que otros aprecian y lo demuestran comprando masivamente y/o pagando buenos precios. No solo que no debe preocuparnos, sino que la sociedad debe abrir oportunidades a todos de eventualmente alcanzar este éxito (y eso no se logra nivelando resultados como lo intentan las sociedades socialistas, sino abriendo oportunidades básicas a todos como la educación).

La estabilidad es, primero pero no únicamente (para nada), la estabilidad macroeconómica que abarca muchas facetas. Ciertamente tener baja inflación porque eso permite planificar en base a un horizonte más claro y amplio, además de tener mercados donde la inflación es más transparente y circula de mejor manera, y esto es de una enorme importancia en la vida, hay poquísimos casos (¿los hay?) de países que hayan podido desarrollarse sostenidamente con alta inflación. La estabilidad es también tener un gobierno que se maneje bajo parámetros razonables, porque lo contrario lleva a déficits, endeudamientos inmanejables e inevitables cambios bruscos en las políticas. Es también que la gente perciba que las diferencias normales e inevitables en una sociedad, no son el fruto de acciones dolosas e injustas sino de procesos de éxito comprensibles, visibles y aceptables, porque caso contrario la ira y violencia social se amplifica y se convierte en un foco grave de inestabilidad social. Es finalmente (muy importante) la permanencia relativa de las reglas del juego, sobre todo cuando desde el gobierno se las modifica permanentemente. Sin duda, la propia dinámica de la complejidad social obliga a ajustes. Van surgiendo nuevas visiones, nuevas necesidades, paradigmas que van modificándose en el camino, el propio sendero en esencia es eso: nuevos paradigmas que la sociedad va imprimiendo. Pero ahí surge justamente un debate esencial: ¿los cambios sociales deben ser impulsados desde el gobierno reflejando la visión de unos pocos, o debe ir surgiendo desde la sociedad e irse plasmando en las instituciones más formales? Ninguna sociedad tiende 100% a lo uno o a lo otro, pero el enfoque es muy importante, porque en el primer caso vamos más hacia el socialismo, en el segundo al liberalismo. ¿Esto ya se aleja del tema de la estabilidad? Para nada, es parte consustancial, no solo del tema de la estabilidad, sino de la trilogía que hemos explorado rápidamente (crecimiento, equidad y estabilidad), alrededor de la pregunta tan importante ¿el centro de la sociedad es el gobierno, es la colectividad, o son los individuos y las organizaciones que van creando?