BancoCentralPor: Julio José Prado
Presidente Ejecutivo Asobanca

Cuando se produjo el shock económico que nos llevó a la actual recesión, había Reservas Internacionales por un valor cercano al 4% en relación al PIB. ¿Es esto mucho o poco? Tomemos como referencia lo sucedido en el anterior shock que sufrió la economía, durante la crisis global del año 2008, cuando las Reservas Internacionales del Ecuador eran ligeramente superiores al 10%. Claramente el nivel de reservas del 2014/2015 no eran suficientes para enfrentar el shock, por lo que el equipo económico tuvo que echar mano de otro tipo de financiamiento: la deuda externa y, en especial, la deuda interna.

Por lado externo, se consiguieron varios créditos, alta tasas muy altas y plazos muy cortos, en la forma de emisiones de deuda en mercados internacionales, préstamos de China, facilidades petroleras o transferencias del FMI (estas últimas, a tasas muy convenientes aunque por montos muy pequeños). Todos esos desembolsos sumaron 6.000 millones de dólares en 2016. Por el lado interno, el financiamiento vino del propio Banco Central del Ecuador (BCE); solamente durante el 2016 y lo que va de 2017, se prestó 4.700 millones de dólares desde el BCE hacia el Ministerio de Finanzas, lo cual lleva ya el saldo de esa deuda a la cifra de 5.777 millones de dólares.

En la práctica, el activo del BCE se encuentra cada vez más compuesto por Títulos Valores y papeles del Ministerio de Finanzas y de la Banca Pública, y menos de dólares físicos o dólares depositados en bancos en el exterior. Los Activos Internacionales de Reserva a enero de 2009 representaban el 73% del total de activos del BCE, mientras que en el mes de marzo de 2016 representaron el 38%. Con esto, la cifra regresa al nivel histórico más bajo que fue registrado, también con 38%, en el mes de mayo de 2016.

Durante varias semanas en el primer semestre de 2016, las Reservas Internacionales no fueron suficientes para cubrir la totalidad de los depósitos del sistema bancario privado. Durante el segundo semestre del año pasado, esa cobertura se ubicó por encima o cerca del 100%. Sin embargo, la tendencia observada en las tres primeras semanas del mes de abril 2017, en donde se han registrado ratios de 79%, 72% y 76% respectivamente, refleja que existe una caída súbita de la cobertura de las Reservas Bancarias privadas. Lo correcto desde el punto de vista técnico, es que la cobertura de las Reservas sea siempre superior o igual al 100% de las reservas bancarias privadas que están bajo la custodia del BCE. Cualquier porcentaje menor genera incertidumbre, pues esos fondos son un respaldo para los depósitos de los clientes de la banca y deben estar siempre disponibles para ser usados o retirados en caso de cualquier necesidad de liquidez.

Entonces, el costo de haber pasado el hueco del año pasado, fue haber conseguido liquidez muy cara, de corto plazo, y que en el caso de los préstamos del BCE ha sido incluso ampliamente criticada por ser insostenible. De hecho, si bien la deuda externa que se ha conseguido es cara, al menos se conoce con exactitud los plazos de vencimiento y el horizonte de repago. En cambio, en el caso de la deuda que el Gobierno mantiene con el BCE, se desconocen los plazos y las fuentes de repago, así como tampoco se sabe con exactitud de dónde provienen dichos recursos, pues al no existir ya los famosos cuatro balances del BCE (desaparecidos a raíz del COMF 2014), no se sabe qué parte del activo cubre cada pasivo.

¿Es sostenible esta situación? Creemos que no. El nuevo equipo económico deberá rápidamente ponerse a trabajar en una reestructuración de deuda externa, y generar confianza interna por medio de un plan público para el repago de la deuda que mantiene el Gobierno con el Banco Central.

Las preocupaciones respecto a los equilibrios monetarios en el Banco Central se hacen más palpables y urgentes, cuando se toma en consideración la sostenibilidad fiscal. El déficit primario se anticipa que estará este año en un nivel cercano al 7%, lo cual es bastante alto. Pero las necesidades totales de financiamiento, que incluyen el déficit primario, son aún mayores y según el análisis que se lea, estarían entre cifras que van de 13.000 millones a 20.000 millones de dólares. En cualquier escenario, las necesidades son altas.

Por el lado de los ingresos fiscales, se vio durante todo el año pasado reducciones importantes en la recaudación tributaria del IVA y del Impuesto a la Renta, y si bien durante los primeros meses del año hubo una mejora, todavía la recaudación se encuentra por debajo de las metas oficiales. En los próximos meses, se podría esperar un ligero repunte de la recaudación tributaria, pero todavía no lo suficientemente amplia como para calmar las grandes necesidades de la caja fiscal. En lo que va del año 2017, parte de esas necesidades se cubrieron con préstamos del BCE al Ministerio de Finanzas, pero esa herramienta de financiamiento es cada vez más complicada (y riesgosa), pues las reservas están muy por debajo del saldo de créditos entregados, lo cual resulta insostenible.

El deterioro del déficit fiscal es sin duda uno de los temas apremiantes que deberá enfrentar el nuevo equipo económico en los próximos meses y que tendrá repercusión en varios sectores, pues se anticipa que sin un ajuste gradual será muy difícil cerrar las grandes brechas fiscales. Si se revisa la información de la variación del Gasto Corriente y del Gasto de Capital del Sector Público entre 2015 y 2016, se aprecian variaciones del -3,2% y -1,5%, respectivamente. Estas reducciones, frente a las magnitudes de caída de ingresos fiscales, demuestran que todavía queda espacio para un necesario (y doloroso) ajuste.