screeenPor: Ab. Gabriela Uquillas
Asesora aduanera de la Cámara de Comercio de Guayaquil

La historia de las aduanas en el mundo se remonta a múltiples siglos atrás. Hay quienes señalan que las primeras aduanas existieron en Egipto en el siglo XV a.C.. Lo cierto es que tradicionalmente los países han destacado su interés por controlar aquellos bienes que ingresan y salen de su territorio, viendo inicialmente en estos mecanismos una obtención de recursos directos derivado del costo del acceso al mercado.

Países como el nuestro, dependen en gran medida de su recaudación tributaria, es así que las administraciones aduaneras son medidas o evaluadas, en virtud del aporte que realizan al fisco. La recaudación como gestión esencial de las aduanas, ha sido por tiempos su característica principal, y erróneamente se ha concebido como su razón de ser. Si bien es cierto, el ingreso o salida de productos puede representar una importante fuente de ingresos nada despreciable para los estados, reducir la labor de este tipo de entidades a una gestión meramente de cobranza, es desconocer lo que en realidad representa o procura una institución de esta naturaleza.

Si tomamos en cuenta que existen bienes cuya tributación es inexistente, pero que no dejan de estar sometidos a la potestad aduanera, como lo son, por ejemplo, los medicamentos, podremos fácilmente concluir que la recaudación no es más que una de las gestiones encomendadas a la administración aduanera, mas no la totalidad de ellas.

Otros países con menor dependencia de ingreso tributario, como Estados Unidos por ejemplo, han encomendado a las aduanas el control de las fronteras, en su sentido más amplio: control de migración, control de plagas, control de terrorismo, entre otros, incluyendo también el control del contrabando o la defraudación, que serían los delitos aduaneros esencialmente concebidos en otras partes del mundo.

En el Ecuador, los controles encomendados al Servicio Nacional de Aduana del Ecuador, no son tan amplios como los citados anteriormente, sin embargo, sí hay una extensión importante de elementos que se deben verificar en cada proceso de comercio exterior, y que no necesariamente influyen en su contribución económica tributaria. El cumplimiento de requisitos de salud, de calidad, el respeto a las normas de propiedad intelectual, entre otros factores, son elementos esenciales que la Administración Aduanera debe analizar en cada uno de los procesos de importación sometidos a su revisión. En consecuencia, es de gran magnitud la responsabilidad que destaca la aduana de nuestro país en el desarrollo general del diario vivir.

Controlar es sin duda la labor fundamental de las aduanas: controlar que se pague lo correcto al fisco, controlar que se destaque la descripción correcta de los bienes, controlar que se cumplan los requisitos de importación, controlar que los bienes cumplan con las normas de calidad, controlar que no se abusen de los beneficios tributarios aduaneros, etc. Para representarlo de manera sencilla, la aduana es aquel elemento de resguardo indispensable que está pendiente de lo que entra y lo que sale, y que con ello precautela la seguridad, competencia, desarrollo empresarial de las personas y del estado en general.

Controlar en su contexto general no es un servicio, es una razón de ser, es una misión esencial, y por ello, cobrarles a los importadores por ejecutar acciones inherentes a su desarrollo y existencia, no resulta aceptable desde ningún punto de vista.

Pero controlar, tampoco es la totalidad de la función aduanera, la que debe llevar el balance perfecto entre dicha actividad, y la facilitación del comercio,  pues una aduana que no incorpore esta finalidad, estaría condenando a los usuarios a un tortuoso vía crucis justificado en la intervención estatal, situación tan peligrosa o dañina como la visión estrictamente recaudadora.

Facilitar el comercio es quizás la tarea más difícil para un ente que debe controlar, y que en persecución de esta función podría muchas veces requerir sacrificar la agilidad o dinamismo anhelado como parte de este otro elemento de acción. Lo que se debe tener en cuenta en relación con esta dualidad, es que los controles, ya sean con afán recaudatorio o no, deben estar concebidos de manera que no perjudiquen el cabal desenvolvimiento de las actividades de comercio exterior, destacándose como apoyos y no trabas al desarrollo de los procesos de importación y exportación que día a día se ejecutan. Probablemente la clave más importante para lograr este objetivo, es la acertada ejecución del control posterior, potestad que permite a la Administración Aduanera una revisión de acciones ejecutadas por los operadores de comercio exterior, hasta cinco años después de su paso por aduana, sin entorpecer en consecuencia el flujo habitual del trámite en concurrente.

En nuestro país se ha señalado, en más de una ocasión, el afán de fusionar las instituciones tributarias: Servicio de Rentas Internas y Servicio Nacional de Aduana, convivencia que buscaría la convergencia de instituciones con poco en común, y que podría significar retomar una aduana en la que prime la recaudación y el control, dejando de lado la tan importante facilitación de comercio. Error indudable que no debería prosperar.

Las Aduanas deben fortalecerse, capacitarse y perfeccionarse, como entidades autónomas e independientes. Deben proveérseles de los recursos necesarios para el desarrollo de sus deberes, evitando figuras forzadas que pongan en duda sus capacidades o seriedad, de esta forma la institución podrá destacarse como un aliado de la formalidad y un apoyo al desarrollo empresarial y productivo del país.