Screen Shot 2018-06-05 at 12.48.40Econ. Jorge Calderón Salazar, MAE., MA.
Rector, Instituto Tecnológico ARGOS

Desde meses atrás, el mundo se encuentra ante una nueva alza en los precios de petróleo. Este impulso se debe a la situación geopolítica mundial, siendo una de la más reciente la salida anunciada de Estados Unidos del acuerdo que tiene con sus socios europeos respecto al programa nuclear de Irán, que irá acompañado de sanciones a ese país (realizada el mes anterior). Dichas sanciones que en el pasado estaban ligadas a la cuota de petróleo iraní, afectaría el abastecimiento de crudo a nivel mundial. Otros eventos que afectaron desde 2017 fueron la caída en los inventarios de EEUU, la interrupción continua del sistema de oleoductos de la plataforma Forties en el Mar del Norte, hasta los más recientes anuncios sobre las perspectivas de crecimiento económico mundial que son alentadoras para el 2018 y el 2019, ubicando dicho crecimiento en cerca del 4%; trayendo consigo un aumento en la demanda de petróleo durante este año y el próximo. Cabe agregar que la disminución de la producción petrolera venezolana, el acuerdo de producción entre Rusia y OPEP (trabajado desde hace tiempo atrás) y la estrategia de los países de la OPEP que buscan impulsar el precio desde el 2017, a través de recortes en la producción en el orden de los 1,8 millones de barriles de petróleo por día (dicha medida sería aplicada hasta fines del 2018, con miras a revisarse); son factores que inciden en el alza del precio.

El Banco Mundial vaticinaba desde hace algunos meses una tendencia al alza del precio del crudo. A mediados del mes de mayo, pasó la barrera de los 70 dólares siendo la más alta cotización desde hace 42 meses. Analistas alrededor del mundo señalan que, incluso dependiendo de cómo evolucionen los eventos geopolíticos, el precio del barril podría ubicarse entre 90 y 100 dólares; sin duda esto podría llevar a más de uno a mirar con optimismo la situación económica del Ecuador, pues se traduciría en ingresos extraordinarios para nuestro país.  Pero, ¿qué tan cierto puede ser? El precio al que se cotice el crudo a nivel mundial, no es necesariamente el mismo precio que se cotice el crudo ecuatoriano. Hay factores que llevan a que crudo ecuatoriano se ubique entre 5 a 10 dólares menos que el WTI (crudo de referencia para nuestro petróleo, cabe señalar que el diferencial es bastante menor en las últimas semanas). El crudo ecuatoriano se viene situando cercano a los 65 dólares por barril, versus los 41.97 dólares por barril que está fijado en el presupuesto estatal, lo que aparentemente daría un alivio a las cuentas fiscales.

Pero no están así debido a algunos factores. El primero, los altos costos operativos de la industria petrolera ecuatoriana. Segundo, las preventas petroleras, que debido a la forma como fueron pactadas, el Ecuador no recibe los ingresos extraordinarios que por la coyuntura debería percibir. Tercero, la caída en la producción petrolera que se registra desde inicios de año, a tal punto que nuestro país produce por debajo de lo que OPEP estableció dentro del recorte acordado, y es así que debiendo producir 520 mil barriles diarios, la producción llega a 513 mil barriles diarios (en algunos pozos se produce más agua que petróleo a pesar de contar con reservas considerables de mismo). Esto último debería llevar a reconsiderar si es conveniente nuestra permanencia dentro del cartel de OPEP, algo que desde nuestra vuelta a la OPEP se discute.

El nuevo aumento del precio de petróleo que se mantendrá probablemente hasta el 2019, según las perspectivas de Goldman Sachs, debería llevar al gobierno nacional a renegociar con mayor celeridad los contratos de preventas petroleras acordados hasta 2021, para obtener beneficios para el fisco, así como también revisar los contratos con empresas a los cuales se les debe pagar por debajo de una curva de producción que el mismo país ya producía. Pero, por ningún motivo, en el caso de que el escenario sea muy optimista y logre lo anterior, el Gobierno debe volver a la equivocada práctica de depender del petróleo, llevando a que la economía gire alrededor del gasto público otra vez.

Entonces, dada la coyuntura en que la economía ecuatoriana de alguna forma viene creciendo sin una importante perturbación del petróleo ni del gasto público (lo segundo es más discutible que lo primero), y con el nombramiento del Ministro de Economía y Finanzas, Richard Martínez; es importante que se diseñe una estrategia de largo plazo para reducir y eliminar la dependencia del petróleo, de una vez por todas. El Presidente Moreno está demostrando que actúa con pragmatismo al designar como funcionarios en importantes cargos del área económica y de comercio exterior a empresarios destacados, y eso debe verse como una oportunidad para redireccionar la economía hacia otros sectores como agroindustria, turismo, servicios financieros, entre otros, que podrían potenciar la economía en el largo plazo. Los acuerdos comerciales y la inversión extranjera serán fundamentales para atraer recursos que compensen la paulatina reducción de los ingresos petroleros que van a las arcas fiscales, mismos que deberían pasar a una cuenta especial (o fondo) que sirva para financiar seguridad social, por ejemplo, dado que el petróleo es de todos ecuatorianos de las generaciones presentes y futuras. Otra alternativa sería usar esos recursos petroleros para evitar potenciales shocks externos, e incluso pagar la deuda externa y aliviar la delicada situación financiera del país.

En fin, nos encontramos ante un punto de inflexión en lo que podemos dar un giro radical no solo a la política económica del gobierno, sino también a cómo debe usarse adecuadamente el recurso petrolero. Claro está que tomará tiempo en llegar a una situación óptima de no depender del petróleo, pero es necesario empezar desde ahora y no en 20, 30 o 40 años cuando se agoten las reservas existentes. Sin duda las acciones que se realicen en este sentido, serán agradecidas por las generaciones presentes y futuras de ecuatorianos.