Por: Guillermo Arosemena Arosemena

Con el nacimiento de la república, la economía comenzó a diversificarse, nació el periódico El Patriota de Guayaquil en 1821 y en el Cabildo se construyeron locales comerciales en la planta baja. Fue el primer centro comercial de Guayaquil. En sus alrededores se encontraban comerciantes que vendían desde sus cajones, usándolos para guardar y exhibir los productos. A la orilla llegaban pequeñas embarcaciones con frutas y otros alimentos que al mismo tiempo servían como lugar de exhibición y venta. Cuando agotaban el inventario, zarpaban a sus lugares de origen. En el censo de negocios 1832, el más antiguo que se tiene, había 12 curtiembres, 12 chocolateros, 5 imprenteros, 5 alambiqueros, 1 jabonero,13 hojalateros, peroleros y latoneros, 11 piladores y 13 boticarios. Se trataba de empresas artesanales que trabajaban con muy pocos empleados. También había 241 carpinteros, 327 zapateros,159 sastres, 60 herreros, 33 barberos y 25 calafates, entre los más importantes en la actividad de Artes y Oficios. El total de trabajadores sumaba 1,820. Esta cifra no incluye a más de 100 grandes empresarios entre importadores, exportadores y agricultores.

Muelle de Guayaquil alrededor de 1830

Desde el inicio de la república, las compañías se constituyeron por escritura pública, con aportes de dinero en efectivo o bienes. El 30 de Abril de 1832, ante el Escribano del Consulado de Comercio comparecieron Esteban José Amador y sus hijos José, Esteban y Manuel Amador para constituir la Casa de Comercio y Comisiones Esteban José Amador e Hijos con un capital de 451.780 pesos y 4 y 1/8 reales, conformado por bienes raíces, establecimientos de comercio, agricultura e industria y pagarés otorgados a favor de dicha casa. El objeto de la compañía fue «…dar mejor impulso y expedición a los negocios de dicha Casa, tanto en los particulares de ella como en las comisiones extranjeras a que es llamada por la posesión de los principales idiomas de las naciones europeas…proceder fiel y legalmente en todos cuantos asuntos y negocios se presentaren en lo sucesivo y comprometiéndonos igualmente a cancelar y finiquitar lo más pronto que nos sea dable los compromisos que dicha Casa paterna tenga pendiente…»

Durante los primeros años de la república, dos o más comerciantes se asociaron para conseguir un propósito mercantil. En el Archivo Histórico del Guayas se encuentran docenas de escrituras de constitución en comerciantes. Bernardo Roca Garzón, próspero comerciante, en 1832, se asoció con Joaquín de Febres Cordero, venezolano y primo del prócer de la emancipación guayaquileña, aportando el primero 1.240 pesos y el segundo,7.747 pesos. El objeto de la sociedad fue el negocio de Proveeduría de la marina ecuatoriana, y según los estatutos, Febres Cordero se comprometió a » …hacer viajes a Lima para emprender todos los negocios que puedan verificarse a fin de causar derechos para cobrar la deuda del Gobierno por Proveeduría…». Por su parte, Roca asumió la responsabilidad de «…manejar todos los negocios en esta ciudad…»

En el Malecón se instalaron las empresas exportadoras e importadoras por la facilidad que había en el movimiento de la carga. Para Pacific Steam Navigation Co. primera empresa naviera con itinerario y propulsada con motor a vapor, fue necesario construir el primer muelle a inicio de los cuarenta del siglo XIX; una década después, Antonio Pérez Arosemena, panameño con negocios en su país y Guayaquil, construyó un moderno muelle que se usó hasta fines del siglo XIX. El Malecón se convirtió en enjambre humano por la cantidad de trabajadores que llevaban carga de exportación al muelle y retiraban la de importación. Por no existir carreteras, el movimiento portuario fue impresionante; decenas de embarcaciones de todo tamaño navegaron por el río Guayas, hacia los pueblos del interior o hacia el puerto. Las embarcaciones necesitaron repararse, lo cual creó nuevas fuentes de trabajo. En la segunda mitad del siglo XIX, las primeras empresas industriales se ubicaron en la calle que se llamó Industrias, actual calle Eloy Alfaro, dando nuevas fuentes de trabajo. Los inmigrantes italianos instalaron empresas productoras de alimento.

A partir de 1860 se establecieron los primeros bancos ecuatorianos en Guayaquil, con la creación del Banco Luzarraga y Banco Particular. En 1868, se fundó el Banco del Ecuador, durante décadas fue el más grande del país y actuó como banco de desarrollo al ayudar a los gobiernos a financiar obras públicas, como lo hizo con García Moreno, en el inicio de la construcción del   ferrocarril. Durante décadas los   bancos guayaquileños llegaron a tener hasta 80% de los depósitos del país.

Los empresarios no sólo se dedicaron solamente a acumular dinero, también ayudaron a fortalecer la moneda, colaborar con los gobiernos y ayudar a los necesitados. Con ninguno otro presidente tuvo más estrecha relación que con las dos administraciones de Eloy Alfaro. Él recibió recursos de la Sociedad de Crédito Público de propiedad de empresarios guayaquileños, para cubrir fondos que Alfaro necesitaba y se evitó que él hiciera una emisión inorgánica de dinero que hubiera tenido graves consecuencias económicas En su segunda administración, Alfaro concesionó el manejo del puerto de Guayaquil a la Compañía Nacional Comercial, quien le proporcionó recursos para sus obras. Apoyó el proyecto de crear la Compañía Nacional de Cacao del Ecuador, para lograr los precios más altos en el mercado mundial. A los pocos meses de posesionado, en su primera administración, Alfaro propuso reiniciar la obra a la Convención Nacional En un discurso que trata este tema, Alfaro afirma: “ Los principios de la ciencia nos enseñan que en las grandes empresas nacionales, generalmente los gobiernos no son buenos administradores…En esta virtud, yo no vacilaría en confiar el éxito del ferrocarril a una comisión honorable, compuesta de   hombres patriotas, probos y de fortuna, que se encargase de allanar los capitales de que habemos menester para la construcción de la obra redentora y de excogitar los mejores medios para llevarla a cabo”. Alfaro menciona varios nombres de distinguidos empresarios y considera que una vez confirmada la comisión, “…los capitales extranjeros vendrán al país a buscar colocación provechosa y a engrandecer la república”. Alfaro aceptó que el Estado no debe ser empresario. Esta apreciación sigue siendo válida actualmente. Irónicamente en el gobierno de la revolución ciudadano se afirmó que Alfaro había sido el primer socialista ecuatoriano.

En 1889 se fundó la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG), la primera en Ecuador. Ella tuvo rol destacado, no sólo con sus afiliados, sino en su aporte intelectual a los diferentes gobiernos. La CCG actuó como un cuerpo consultivo para los gobiernos. El Gobernador del Guayas, Luis Adriano Dillon, en su informe de 1901, recomendó que la CCG debía recibir ayuda de los Poderes Públicos para que pudiera desempeñar a cabalidad la función para la cual fue creada y sugirió que el Gobierno podía y debía encomendarle los estudios económicos que fueran necesarios hacer » …respecto de la apertura de nuevos mercados para nuestros frutos, la posibilidad de establecer nuevas industrias…» y todo cuanto se relacionaba con el progreso económico del país, incluyendo sufragar los gastos de las comisiones que se nombrarían dentro y fuera del Ecuador para tal objeto. En su primera administración, Alfaro solicitó un estudio a la CCG para conocer la opinión sobre si el país debía adoptar el Patrón Oro y fortalecer el sucre que había comenzado a devaluarse por estar respaldado por el sistema bimetalista (oro y plata), en época que la plata se devaluaba por grandes descubrimientos de minas de esta.     Siendo la única organización empresarial en Ecuador, la CCG tuvo un ámbito de acción mucho más extenso del que ejerce en la actualidad. Un representante formaba parte del Jurado de Aduanas, ente responsable de atender los reclamos hechos por importadores, y dirimir sobre litigios.

Por la ausencia de caminos y aprovechando del abundante conocimiento en la fabricación de barcos, el empresario guayaquileño incursionó en la actividad naviera. Para fines del siglo XIX, no menos de 8 compañías movilizaban carga y pasajeros de las diversas poblaciones de las provincias de Guayas y Los Ríos a Guayaquil. Varios productos agrícolas, para el consumo interno y de exportación, llegaban hasta fines del siglo XIX al muelle de Guayaquil, ubicado frente de la actual Alcaldía y Gobernación y posteriormente, a los muelles municipales y privados de las casas exportadoras más importantes, como Aspiazu Hermanos, L. Guzmán e Hijos, Reyre Hermanos, etc. Para fines del siglo XIX, se estableció la empresa de los Carros Urbanos, para ofrecer servicio público de transporte con rutas, la primera en el Ecuador. Eran góndolas con capacidad para diez personas tiradas por dos mulas. Por el año 1912, las mulas fueron reemplazadas por motores de gasolina, los vehículos agrandados y se agregaron nuevas rutas de recorrido.

El empresario guayaquileño no perdió las oportunidades de promover sus productos y estuvo presente en las Exposiciones Universales de Europa, desde la segunda mitad del siglo pasado, donde buscó hacer negocios con los importadores del Viejo Continente. Eran las ferias mundiales del siglo XIX. Durante más de 30 años, no recibió apoyo del sector público. Fue el Presidente Antonio Flores Jijón, el primero en reconocer la importancia de tener presencia en las ferias mundiales y a partir de esa fecha, el Estado comenzó a aportar fondos para financiar los estands de los exportadores guayaquileños y de otras ciudades del país. El avance tecnológico fue haciendo desaparecer viejas clases de trabajo que fueron reemplazadas por nuevas. Así el cargo de sereno (farolero), responsable de prender y apagar los faroles que funcionaban con aceite de ballena, fueron reemplazados por obreros que operaban la planta de gas instalada en Guayaquil a mediados del siglo XIX; quienes manejaban las carretas de la Empresa de Carros Urbanos, que servían como transporte público, fueron reemplazados por conductores de los tranvías eléctricos. Otras profesiones como la herrería desaparecieron al eliminar el caballo y mula como medios de transporte motorizados de personas y carga. Más adelante, el carbonero que conducía una carreta halada por mula, para vender carbón empleado en las cocinas que usaban este tipo de energía, tuvo que cambiar de actividad al popularizarse las cocinas eléctricas. Los pescadores que pescaban en el Guayas y Salado y recorrían las calles cargando su pesca en largas cañas, para venderla, también fueron desplazados.