Por: Guillermo Arosemena Arosemena

Los incendios destruyeron la riqueza guayaquileña, pero también sirvieron como fuente de actividad económica, por el enorme trabajo de reconstruir Guayaquil, como ocurrió después del llamado Incendio Grande de 1896. Entre 1897 y 1900, el puerto se convirtió en emporio económico. Para 1905, se estableció la Empresa de Fuerza de Luz Eléctrica, la primera en Guayaquil cuyo impacto fue importante para el crecimiento de los negocios. El empresario guayaquileño desde mediados del siglo XIX usó el Estero Salado para crear un sitio de recreación. El periódico, El Comercio de Guayaquil, en su edición del 14 de Julio de 1876, publicó una publicidad con el título de Gran Festival en el Estero Salado, comunicando que una banda tocaría música y habría juegos artificiales. Para 1922, en el mismo sitio se construyó el American Park, lugar de esparcimiento para los guayaquileños de toda edad; estuvo ubicado frente al Tenis Club, donde actualmente queda la Plaza Rodolfo Baquerizo, quien fue el constructor de este centro de entretenimiento y del tranvía que ofreció servicio de transporte público a través de rieles instaladas en las calles de la ciudad.

El cemento introducido en los primeros años del siglo XX fue otra fuente de mano de obra. En 1922, José Rodríguez Bonín construyó la primera fábrica de cemento en Ecuador, iniciando la sustitución de madera por cemento en casas y edificios; una década después, el barrio del Centenario fue el primero en urbanizarse con casas de cemento. En la construcción trabajaron miles de personas; en esta actividad surgieron nuevas profesiones.

Para los treinta del siglo pasado, Guayaquil ya tenía aeropuerto, Inicialmente acuatizaban en el río Guayaquil hasta la construcción del aeropuerto. El transporte aéreo acortó las distancias y promovió el comercio internacional. La introducción de los vehículos motorizados obligó a las empresas a construir los talleres de servicio y así nació la mecánica automotriz en Guayaquil. Las primeras carreteras de la provincia del Guayas se comenzaron a construir en los cincuenta por el Comité de Vialidad, institución guayaquileña, a quien el Banco Mundial le concedió un préstamo para tal fin, fue el primero otorgado al país por esa institución.

Guayaquil continuó recibiendo a inmigrantes de otros países, quienes iniciaron negocios como Deprati, Casa Tosi y Mi Comisariato, actualmente son empresas íconos por ser líderes en su sector y dar trabajo a miles de personas. Las primeras empresas multinacionales contemporáneas que llegaron a Ecuador se instalaron en Guayaquil, desde la segunda década del siglo XX. Una de las primeras fue Lloyds, pero desde el siglo XIX, algunos empresarios extranjeros invirtieron en Guayaquil abriendo almacenes. A partir de 1950 ingresaron Nestlé, Banco de América, Citibank, IBM, Xerox, etc. Para la segunda mitad del siglo XX, con la promulgación de las leyes de fomento industrial, se inició la industrialización de Guayaquil y la ESPOL recientemente creada, comenzó la ardua labor de preparar a los primeros ingenieros industriales y mecánicos que pasaron a trabajar en el sector industrial. La carretera a Daule se convirtió en la nueva zona industrial de la ciudad, donde se construyeron fábricas de ensamblaje, plásticas, alimentos, etc. Entre las más grandes estuvieron Durex que actualmente su razón social es Mabe de Ecuador, Plásticos Industriales (PICA), Ecuasal, Plásticos del Litoral, etc. Con el crecimiento de la ciudad y renta de los habitantes, las estaciones de radio aumentaron en número y luego llegaron las estaciones de televisión a partir de 9161, con el inicio de operación de canal cuatro.

La construcción e inauguración de Puerto Nuevo en 1960 y del puente Mendoza Avilés en 1970, fueron grandes proyectos que modernizaron a Guayaquil y al mismo tiempo esenciales para impulsar un nuevo despegue económico de la ciudad. Se construyeron las ciudadelas URDESA, Miraflores, Los Ceibos y Paraíso. Desde fines de 1960, nuestra ciudad nuevamente recibió impulso del emprendimiento con la creación de los primeros supermercados, centros comerciales cerrados y tiendas departamentales. El primer centro comercial fue el de Urdesa. La urbanización de Guayaquil fue gran iniciativa de la empresa privada que se dio cuenta que era necesario descongestionar el centro de la ciudad. El embellecimiento continuó en las décadas posteriores con la construcción de nuevas urbanizaciones como las que se siguen construyendo vía Samborondón y vía a la costa. Nacieron nuevas universidades empeñadas en dar la mejor educación. El Municipio con sus obras, se convirtió en fuente de trabajo para las decenas de miles de trabajadores de las empresas privadas que trabajan en obras públicas municipales.

Como los países siguen mejorando la calidad de vida de la gente en todos los continentes, las nuevas carreras técnicas enseñadas en universidades han servido para el desarrollo del sector agrícola, industrial y comercial. Hoy hay numerosas carreras, entre ellas, diversas ingenierías, que incluyen la electrónica, información, etc. Actualmente decenas de miles personas trabajan en los departamentos de computación de las empresas, almacenes y talleres especializados. Mayor ingreso por habitante representa mayor consumo de las familias. Al tener las clases sociales mayor disponibilidad de recursos ha traído el florecimiento de la moda, donde operan miles de costureras y personas de otras profesiones responsables de crear vestidos y ropa en general. También el sector decoración se ha beneficiado del aumento del nivel de vida de los guayaquileños. Con mayores ingresos hay mayor interés en invertir de la presentación de las viviendas y lugares de trabajo. El aire acondicionado que era la excepción hace 40 años, se encuentra en la mayoría de los almacenes y en viviendas de clase media y alta.

Desde aquellos años formativos del sector empresarial en 1820, donde no había más de 100 empresarios y las grandes empresas daban trabajo a menos de 10 personas la actualidad donde hay decena de miles de empresas que dan trabajo a centenares de miles de obreros y empleados. Guayaquil ha tenido un extraordinario progreso en menos de 200 años. Pero no ha sido fácil tarea. La empresa privada guayaquileña ha tenido que enfrentar entornos no favorables, tanto externos, como internos, lo que ha contribuido a una elevada tasa de mortalidad en las empresas. Las compañías guayaquileñas todavía tienen debilidades que no han logrado superar, entre ellas, la baja productividad que afecta su competitividad y el tamaño de las unidades productivas que en algunos casos, les impide enfrentar con éxito a los competidores de la región. El sector industrial debe hacer importantes inversiones en investigación y desarrollo, otro punto débil, además necesita mejorar la calidad de la gerencia.

Las numerosas leyes dictadas desde fines de los cincuenta para favorecer a otras regiones del país, el traslado de las matrices de las multinacionales a Quito para estar cerca del Gobierno Central y la ubicación de los proveedores de las empresas petroleras en esa ciudad, disminuyeron la dinámica económica de Guayaquil, pero la reducción económica no ha sido significativa. Esta ciudad continúa liderando en los principales sectores económicos del país como en las exportaciones del sector privado; en empresas de cadena de venta al detal no alimentos; algunos sectores de la industria; empresas de servicio de internet, etc. Excluyendo las petroleras, las empresas exportadoras más grandes del país son guayaquileñas. La empresa privada guayaquileña, a pesar de haber dado amplias muestras desde que nos constituimos como nación, de ser solidaria con los problemas sociales, evidenciada en las múltiples donaciones hechas por empresarios acaudalados, no tiene una buena imagen en algunos estamentos de nuestra sociedad y en ellos, es identificada como pulpo explotador. ¿Cómo no reconocer las escuelas, puentes y hospitales que se construyeron en el siglo XIX, con dineros de guayaquileños ricos como Miguel de Anzoátegui, Ildefonso Coronel, Manuel Orrantia, Enrique Seminario, entre otros. En el siglo XX, continuaron Enrique Maulme, Juan Marcos, Enrique Sotomayor, Luis Noboa Naranjo, Juan José Vilaseca y tantos más cuyos nombres se me escapan. Actualmente, la mayoría de las ONGs en nuestra ciudad son apoyadas por el sector privado. Lamentablemente la labor social de los empresarios no se ha comunicado a la comunidad. Es falla de las cámaras de la producción por no tener un órgano de permanente defensa de los gremios.

La riqueza generada por el sector privado fue en algo compartida con la población necesitada. La Junta de Beneficencia, creada a fines del siglo XIX, se convirtió en la principal herramienta de los empresarios guayaquileños, para construir hospitales y escuelas para los pobres. Las importantes donaciones que dejaron acaudalados hombres de empresa de nuestra ciudad alimentaron el flujo de los recursos destinados a la edificación y mantenimiento de estas obras de interés social. La Liga Ecuatoriana Antituberculosa (LEA), la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (SOLCA) y el centenar de fundaciones que en la actualidad prestan servicio a los más necesitados, fueron la respuesta a la inacción del Gobierno centralista, el cual se vio favorecido al no tener que destinar fondos públicos para atender necesidades, de su entera competencia. La Casa del Hombre Doliente, Fundación Gabriel Vilaseca, Fundación Sánchez Aguilar, FASINARM, son ejemplos de instituciones de ayuda a los necesitados en el área de la salud y educación. Actualmente todos los grandes grupos empresariales han creado fundaciones para atender de diferentes maneras a la población de clase social baja: salud, educación, vivienda, etc.

A pesar del progreso logrado, Guayaquil tiene un elevado porcentaje de desocupación, empeorado por la pandemia de COVID 19; además no hay suficientes plazas de trabajo para la juventud que anualmente ingresa a la edad de trabajar. Lamentablemente este fenómeno económico se da por la terrible inestabilidad política y falta de políticas estatales orientadas a hacer crecer la economía sostenidamente. Existe una enfermedad económica crónica que no ha sido posible curarla, la imposibilidad de crecer la economía a tasas suficientemente altas para hacer desaparecer el desempleo. Todavía hay mucho por hacer. Los guayaquileños requieren seguir mejorando su nivel de conocimientos para poder tener mejor nivel de vida. Vivimos en un siglo eminentemente técnico, en el que cada década nacen nuevas clases de ingenierías y otras profesiones de ciencias exactas. Cuando se lee que la desigualdad ha aumentado en el mundo, la razón es que quienes han progresado exponencialmente, tiene un nivel muy elevado de conocimientos y los que progresan lentamente o se estancan, poseen conocimientos normales. Las empresas guayaquileñas deben incrementar los presupuestos de capacitación para tener trabajadores capaces y con conocimientos vanguardistas. Si queremos ser el Singapur de América, necesitamos hacer cambios sustanciales en la forma de pensar y actuar.

El inicio del año 2000 fue diferente al de 1900. Guayaquil comenzó el nuevo siglo con un sector privado altamente vulnerado por los duros eventos acaecidos en las últimas dos décadas: inflación galopante, fenómeno El Niño en dos ocasiones, epidemias en los sembríos de camarones, mega devaluaciones, etc. Las actividades económicas guayaquileñas se estancaron, el crecimiento productivo fue inferior al crecimiento poblacional. Los eventos señalados, unos endógenos y otros exógenos, causaron dos de las tres crisis más severas del siglo XX. Una tuvo lugar en el período 1982-1983 y la otra, entre 1999 y 2000. Guayaquil ingresó al siglo XXI con clara visión de futuro. Actualmente vivimos en una ciudad donde el turismo, interno y externo, crece vertiginosamente; esta actividad ha dado trabajo a una variedad de profesiones, desde guías hasta traductoras, pasando por choferes, pilotos y expertos en cocina. El turismo ecológico ha comenzado. Hay haciendas que reciben a turistas deseosos de conocer cómo se siembra y cosecha el cacao y otros productos agrícolas. Guayaquil con numerosos hoteles de cinco estrellas está en condiciones de recibir a los más exigentes turistas.

Al terminar la primera década del siglo XXI, los empresarios de Guayaquil enfrentaron un gobierno, el de la mal llamada revolución ciudadana, que lejos de tener manos limpias y corazones ardientes, terminó siendo el más corrupto de la historia, dejó quebrado al país. Hoy enfrentamos a una pandemia que ha terminado de poner el último clavo en el ataúd. Frente al panorama sombrío, pero también lleno de oportunidades, los empresarios guayaquileños tienen numerosos desafíos por delante. Ya perdieron la enorme ventaja económica que mantuvieron por más de dos siglos, respecto a empresas de otras ciudades del país, incluyendo Quito. Actualmente, la empresa privada de Guayaquil tiene importantes temas no resueltos. La economía es frágil por no ser diversificada, las empresas requieren hacer importantes inversiones en capacitación, así como en investigación y desarrollo, además de invertir en nuevas tecnologías. Los empresarios deben terminar con la preocupante dependencia de pocos productos de exportación y mayoritariamente de bienes primarios. Se necesita industrializarlos y aumentar las exportaciones de bienes con alto valor agregado. Sus empresas deben ser más creativas y eficientes para competir dentro del país y en el mercado internacional. La gerencia debe renovarse y las empresas requieren aumentar sensiblemente los presupuestos de capacitación. El problema central de las empresas guayaquileñas es cómo incrementar la productividad en un mundo de gran incertidumbre y alta tasa de obsolescencia, originada en la agresiva competencia que obliga a las empresas a encontrar ventajas competitivas para no ser desplazadas. Otro problema es cómo mejorar los procesos en la empresa, cómo innovar en todo sentido, desde cómo: mejorar los métodos y técnicas de trabajo hasta atraer a más clientes.

Los empresarios de Guayaquil no pueden seguir desconectados de las tendencias y corrientes internacionales. Desde hace 40 años vivimos la Revolución de la información y Comunicaciones (RIC), pero es muy limitado el beneficio obtenido. En materia de gobierno electrónico, se han hecho grandes avances pero falta mucho para ser eficientes. Seguimos con numerosos trámites, ya no en papel, lo hacemos en forma digital. Los grandes visionarios afirman que el siglo XXI se identificará con la biología. La genética ya es una ciencia que ha adquirido enorme importancia. Las universidades de Guayaquil deben interesarse en mantenerse actualizadas en las nuevas carreras técnicas que estén en consonancia con las necesidades del mercado.

Por lógica, la globalización es un proceso irreversible, es la forma más perfecta para alcanzar la excelencia empresarial, y en la carrera para lograrla, Ecuador tiene un largo y difícil camino por delante. Hoy está amenazada por movimientos nacionalistas, comenzando por el estadounidense. Gran Bretaña se separó de la Unión Europea. Las cámaras de la producción deben cumplir un importante rol para llevar a sus afiliados a nuevos niveles de excelencia operativa. En otros países como India, ofrecen diferentes mecanismos para asesorar en materia gerencial. Nuestros gobiernos todavía no reconocen que no hay progreso si no crea las condiciones para el éxito del desarrollo empresarial. La empresa privada requiere un instituto de pensamiento liberal y de líderes que estén más sintonizados con lo que es el siglo XXI, capaces de adaptarse a mundo adverso y lleno de barreras en numerosas áreas.